Carnívoros domingueros

 

¿Tiene sentido pasarse a una dieta vegetariana hoy en día?

En la entrada de hoy repasamos las diferentes razones, algunas de ellas sorprendentes, que llevan a cada vez más personas a abandonar el consumo de carne, y llegamos a una conclusión: una propuesta simple pero que podría cambiar la vida de muchas personas.

Razón n°1: Por el medio ambiente

Estas estadísticas evidencian los efectos que el consumo de carne tiene sobre el medio ambiente.

1. El 18% de las emisiones de gases relacionados con el calentamiento global proceden del sector ganadero (la fermentación gástrica del ganado y sus excrementos provocan un exceso de metano, un gas 20 veces más nocivo que el CO₂). Para hacernos una idea, un plato de carne supone las mismas emisiones de gases a la atmósfera que un viaje de 240 km en coche.

Brazil Forest Law Battle2. El ganado ocupa una tercera parte de la superficie total del planeta y utiliza más de dos terceras partes de sus terrenos agrícolas. Esto implica la tala de millones de hectáreas cada año.

3. Para producir 225 gramos de carne, el consumo medio diario en países desarrollados, hacen falta 25.000 litros de agua (un ducha consume de media unos 95 litros).

4. El número global de reses ha aumentado un 38 % desde 1961. En este momento se contabilizan más de 4.500 millones.

5. La producción de carne se ha multiplicado por 2 desde 1977, y en los últimos 50 años por 5.

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que, con estos números, la ganadería no es una actividad sostenible a largo plazo.

Razón n°2: Por el maltrato animal

¿Cuánto ha sufrido el cerdo que nos estamos comiendo? La mayoría de las personas rechazarían torturar a un animal para comer su carne. Sin embargo, la opacidad del proceso evita que los consumidores conozcan de donde proviene la carne y cómo se ha tratado al animal. O incluso aunque lo sospechen, es algo muy fácil de ignorar ya que, por desgracia, el sufrimiento animal no es algo descabellado en nuestra sociedad.

Carne

Si eres de los que se preocupan por este tema pero no quieres dejar de comer carne, una buena alternativa es comprar carne ecológica o con la etiqueta bio, que asegura que estamos adquiriendo carne de calidad y obtenida a través de medios tradicionales en los que el animal no es tratado como una simple materia prima industrial.

Por otro lado… ¿qué es lo que nos hace creer que es moralmente aceptable comernos una vaca pero no un perro? ¿La teoría de la mascota? ¿El nivel de inteligencia del animal? ¿O su nivel de conciencia de sí mismo? Cualquiera de estas teorías hace aguas por todas partes, ya sea por diferencias culturales o por la dificultad de demostrar lo que pasa por la cabeza del animal. Por ello, muchos deciden ser consecuentes, cortar por lo sano y abandonar todo tipo de carne.

 

Razón n°3: Por nuestra propia salud

La opacidad de la cadena de suministro también tiene mucho que ver con el hecho de que no sepamos cómo de saludable es la carne que consumimos.

Las empresas alimentarias, como cualquier otro tipo de empresa, persiguen la eficiencia y el beneficio económico. Muchas de ellas no lo dudarían un instante a la hora de implementar procesos que les ayuden a ello aunque eso signifique sacrificar la calidad del producto, provocar efectos adversos en la salud humana, maltratar al ganado y destrozar ecosistemas. La UE tiene fuertes regulaciones en este aspecto, pero esto no ocurre en EEUU, donde es posible adquirir carne a precios irrisorios gracias al uso de alimentos transgénicos y de terribles técnicas de cría de ganado. Merece la pena echarle un vistazo a esta cruel pero hipnótica secuencia del documental Samsara.

Está científicamente comprobado que el abuso de este tipo de carne es un factor que favorece la aparición de células cancerígenas. Somos los que comemos, por lo que consumir alimentos animales nos puede transmitir la toxicidad de las granjas industriales.

Dado que la alternativa sana, la carne ecológica o bio, suele ser más cara debido a su producción tradicional, muchos no pueden permitírselo y deciden pasarse a una dieta vegetariana. Es cierto que no es fácil reemplazar las proteínas que la carne ofrece, pero hoy en día una simple búsqueda en google nos ofrece muchas y muy buenas alternativas para llevar una dieta completa que evite todo tipo de carne.

Conclusión

Si existe una increíble variedad de dietas vegetarianas, dietas que administran las proteínas que tu cuerpo necesita sin la necesidad de matar ningún animal, poner nuestra salud en riesgo o dañar el medio ambiente. ¿Por qué no dejar la carne entonces?

La carne sabe cojonuda.

De acuerdo, no puedo negarlo… Pero obviemos esta afirmación, ya que al fin y al cabo es una cuestión de gustos y una dieta vegetariana cocinada con imaginación también puede resultar deliciosa.

desequilibrio ecologico

Hablo de una razón más científica y racional para no volverse vegetariano, y es el hecho de que el ser humano lleva millones de años comiendo carne. Nuestros más lejanos antepasados ya eran carnívoros. Es cierto que tampoco se atiborraban a alitas de pollo y filetes empanados a diario, digamos que eran más bien omnívoros. Una dieta basada en plantas, frutas y cultivos, aderezada por aquellas presas que se permitieran cazar, algo que desde luego no ocurría todos los días. Nuestro sistema digestivo es el resultado de un proceso de evolución que ha durado millones de años, convirtiendo nuestros cuerpos en máquinas cuyo combustible necesita, aproximadamente, un 10% de carne.

Y de lo que estoy seguro es que muchos de los problemas mencionados antes no existirían si nuestro consumo de carne se redujese a este 10%, en vez de haberse multiplicado hasta alcanzar casi la totalidad de nuestra dieta.

¿Hay alguna solución al alcance de todo el mundo? Nunca llueve a gusto de todos, pero quizá mucha gente pueda alcanzar un compromiso con una medida no demasiado descabellada: convertirnos en carnívoros de fin de semana. No hace falta dejar la carne por completo, simplemente reducirla. Lo del fin de semana tampoco tiene que ser estricto, la razón de la propuesta se debe a que es un método sencillo de controlar y que se adapta muy bien a nuestro estilo de vida occidental, ya que normalmente solemos controlar más nuestra dieta entre semana.

Este hábito significaría una sustancial reducción del consumo total de carne. Disminuiríamos en gran medida las emisiones de metano, evitaríamos sufrimiento animal innecesario y, lo más perceptible, llevaríamos una dieta sana que nos haría sentir mucho mejor. ¿Alguna excusa para no intentarlo?

 

Posted in Sostenibilidad.

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