Guía de los viajes en el tiempo. Capítulo 6: Viajar al futuro

NOTA: Este es el sexto capítulo de una serie sobre viajes en el tiempo. Para saber más sobre la estructura de esta serie y sobre el contenido del resto de capítulos, dirígete a la introducción.


¿Por qué hemos dedicado cinco largos capítulos a los viajes al pasado y ahora nos vamos a ventilar los viajes al futuro en una sola entrega?

La razón principal es que viajar al futuro no genera tantas paradojas e interrogantes como hacerlo al pasado y, por tanto, hay menos debate.

Sin embargo, los viajes al futuro tienen una particularidad: son los únicos viajes en el tiempo que, basándonos en nuestro conocimiento actual de la física y en experimentos realizados por científicos, son posibles de realizar. En este capítulo veremos cómo hacerlo y cuáles son las consecuencias.

1. Viaje al futuro unidireccional

Érase una vez un hombre sabio que dijo verdades incontestables. Entre ellas:

«Esta es la primera época que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno».

 «Estoy seguro de que el universo está lleno de vida inteligente. Simplemente, ha sido demasiado inteligente como para venir aquí».

 «No creo en la astrología. Soy un Sagitario, y somos escépticos».

El mismo hombre también dijo una frase que nos va a venir muy bien para empezar el capítulo de hoy:

«Viajamos al futuro a una velocidad de sesenta segundos por minuto».

Guía Viajes en el Tiempo - Arthur C. Clarke

Este señor se llamaba Arthur C. Clarke y, además de ser un cachondo, también escribía libros. Nació en 1917 y se pasó la vida viajando al futuro a esa velocidad, hasta que murió en 2008.

¿Podría Arthur haber viajado al futuro un poco más deprisa? De acuerdo a la ciencia, sí se puede.

La teoría de la relatividad dice que las partículas se mueven en dos dimensiones diferentes:

  • En el tiempo, siempre hacia adelante.
  • En el espacio, hacia cualquier parte del universo.

Eso sí, la velocidad de las partículas en el espacio afecta a su velocidad en el tiempo (y a la inversa). Cuando viajan muy deprisa en el espacio, experimentan una dilatación en el tiempo. Por ejemplo, si viajamos a Júpiter, a unos 299.000 km/s y volvemos, habrá pasado una hora y media para cualquier persona en la Tierra. Sin embargo, para nosotros, apenas habrán pasado unos segundos.

Cuanto más cercana sea la velocidad a la de la luz, más despacio pasará el tiempo para los tripulantes en relación a un observador externo.

Esto no es un hecho teórico, sino experimentalmente comprobado y que se tiene en cuenta hoy en día en muchos campos. Por ejemplo, para la construcción de GPS: «El tiempo y el espacio en la superficie de la Tierra y en un satélite están sometidos a distintas velocidades y a distintas intensidades en el campo gravitatorio». Por tanto, si los GPS no tuvieran en cuenta el efecto de la velocidad en el tiempo, acabarían por desajustarse y no servirían para nada.

Volvamos a Arthur C. Clarke. Estamos en 1971, y el futuro genio de la ciencia ficción ya lleva viviendo 15 años en Sri Lanka, donde dedica su tiempo a escribir y a gestionar su escuela de buceo. Con la teoría de la relatividad en la mano, y aprovechando que su nave de antimateria acaba de pasar la ITV, Arthur lo deja todo y se embarca en un viaje de ida y vuelta al espacio, sin más destino que el trayecto en sí, durante 159 años.

Cuando regresa a la Tierra, los humanos viven en 2131, pero solo han pasado tres años para él. Decepcionado con el futuro de nuestro planeta y horrorizado por la desaparición de la vida marina, muere poco después, arrepintiéndose de su viaje y deseando haber podido volver a la sencilla vida de 1971.

Porque —un pequeño detalle que se me pasó mencionar— no se puede volver. De acuerdo a nuestro entendimiento actual de las leyes de la física, podemos viajar al futuro (siempre y cuando contemos con la tecnología y con la energía para hacerlo), pero no se puede viajar al pasado, y eso implica descartar cualquier posibilidad de volver al presente que abandonamos.

Esta unidireccionalidad, coincidiréis conmigo, disminuye el atractivo de los viajes al futuro de forma significativa. ¿De qué nos sirve saber lo que va a ocurrir si no podemos usar esa información en el presente? ¿Por qué me involucraría en un viaje que significa despedirme de todo aquel que conozco?

Hasta aquí la ciencia.

2. Vuelta al presente

Entremos ahora en el terreno de la especulación y supongamos que se puede viajar hacia el pasado y, por tanto, que Arthur es capaz de regresar a 1971.

En el momento en el que viaja al futuro, se pone a disposición de Arthur una serie de conocimientos sobre el transcurso de la historia. Por consiguiente, el futuro se convierte, en cierta manera, en su presente.

En 2131, Arthur es testigo de una realidad que desearía no haber conocido, pero hay algo que le llama la atención: una nave alienígena de forma cilíndrica ha alcanzado el sistema solar y se ha estacionado en la órbita de Júpiter. Nadie sabe si está tripulada y cuál es su propósito, pero los gobiernos de las principales potencias comienzan a urdir planes para visitarla.

Esto le parece interesante, pero no lo suficiente como para que decida quedarse a ver el resultado. Tras pasar unos días en el futuro y perder toda fe en la raza humana, Arthur da tres palmadas y repite tres veces la frase “El futuro ya no es el que era”. Esta secuencia le envía instantáneamente de vuelta al año 1971 (ya que comenzamos a fantasear, hagámoslo bien).

Ahora, Arthur es carne de paradoja. La del abuelo, la de la pandemia, la de la inexistencia de los viajeros en el tiempo… acaba de viajar al pasado, así que es susceptible de sufrirlas todas, dependiendo del escenario de viaje al pasado en el que nos encontremos.

Solo por terminar la historia, vamos a suponer que Arthur vive en un universo no alterable y en el que la línea temporal y espacial es única. Esta suele ser una de las teorías más comúnmente aceptadas.

En dicho escenario, tal y como vimos en el capítulo 4, se debe cumplir el principio de autoconsistencia de Novikov.

Al volver a 1971, y basándose en su experiencia en el futuro, Arthur escribe su novela Rama, que gana todos los premios importantes del género y se convierte de inmediato en un clásico de la ciencia ficción. En ella incluye las especulaciones sobre el funcionamiento de la nave extraterrestre de la que oyó hablar a los científicos en 2131.

Lo que Arthur ignora es que alguien le está espiando. Los ramanes, desde su planeta, saben de todo lo que ocurre en la Tierra. Se enteran del éxito de su novela, la leen y deciden ponerse manos a la obra con la construcción de esa nave. Una vez terminada, se acercan con ella al sistema solar, llegando a la órbita de Júpiter en el año 2131, justo a tiempo para que Arthur pueda enterarse de cómo funciona la nave para volver al pasado y proporcionarles las ideas que necesitan para su construcción.

Determinismo puro y duro, este bucle es la manera más habitual de quitarnos las paradojas temporales de en medio. Pero, como vimos en el capítulo 4, esto solo funcionaría en un universo puramente determinista. De lo contrario, hay debate.

Hay muchos otros escenarios sobre lo que podría ocurrir con la vuelta de Arthur al presente (universos paralelos, líneas temporales paralelas, contemplación espectral…), solo tendríamos que extrapolar para ello lo que explicamos en todos los capítulos anteriores.

3. Paradoja de los hermanos gemelos

Imagina que llegas a la estación ferroviaria de tu ciudad y te sientas en un tren para iniciar un viaje. Te colocas los auriculares, te pones un capítulo de tu podcast favorito y pierdes la vista en la ventana. Has llegado pronto y el tren todavía tardará diez minutos en salir.

Sin embargo, a los pocos segundos, el tren se pone en marcha. Esto te confunde, ya que todavía no es la hora programada. Tras unos breves instantes, te das cuenta de que quien se está moviendo no eres tú, sino el tren del andén contiguo. ¿No te ha pasado alguna vez?

Esto se debe a la teoría del movimiento relativo. Cuando dos objetos se mueven uniformemente, ambos pueden decir que es el otro el que se mueve, y no ellos. El movimiento uniforme no genera ningún cambio en las leyes físicas.

Ahora apliquemos esto a un viaje espacial a la velocidad de la luz.

Para ello, os presento a Wolfgang y a Dieter. Ambos son hermanos y nacieron en la misma camada:

Guía Viajes en el Tiempo - Paradoja Hermanos Gemelos

Wolfgang tiene un defecto en la vista que le impide alcanzar su sueño de ser astronauta, así que decide dedicar su vida a su otra gran pasión e inicia una exitosa carrera como personal shopper.

Dieter comparte el mismo sueño y no tiene ningún problema de visión, por lo que es contratado por SpaceX para su próximo gran proyecto: realizar un viaje de veinte años por el espacio a la velocidad de la luz.

Según la teoría de la relatividad, Dieter solo envejecerá unos meses durante el viaje. A su vuelta, Wolfgang ya habrá pasado a mejor vida (los carlinos solo viven de 12 a 15 años).

Sin embargo, apliquemos ahora la teoría del movimiento relativo. Recordad: dos objetos en movimiento pueden decir que es el otro el que se está moviendo. Por tanto ¿es Dieter el que ha estado viajando a la velocidad de la luz en una nave? ¿O es Wolfgang quien se ha estado desplazando a esa misma velocidad respecto a Dieter? Según esta teoría, ambos lo han hecho y, por tanto, ambos han envejecido más lentamente que el otro. Dos personas (o dos carlinos, incluso) no pueden ser más jóvenes el uno que el otro a la vez, y por tanto nos hallamos ante una paradoja.

A Albert Einstein (ya tardábamos en hablar de él) le costó varios años resolver esta cuestión. Lo hizo sosteniendo que este principio solo afecta a movimientos uniformes, mientras que, para alcanzar la velocidad de la luz se requiere una aceleración (de varios meses, de hecho), a lo que hay que añadir la desaceleración posterior. Por tanto, el gemelo más joven es el de la nave. Dieter llorará a Wolfgang frente a su tumba al volver.

Para más detalles y más vueltas de tuerca sobre la paradoja de los gemelos, os recomiendo este vídeo.

4. Vislumbramiento

Este es el equivalente de la contemplación espectral que vimos en el capítulo anterior, excepto que ocurre con los viajes al futuro en lugar de al pasado. Puede tener lugar como una visión, como un sueño, como si me convirtiera en un holograma que vive en el futuro… da igual la forma, lo que todos estos escenarios tienen en común es que podría ver el futuro sin modificarlo y volver a mi presente para usar esa información. Es una hipótesis sencilla, pero que se adentra en el terreno especulativo y queda muy lejos de posibilidades reales. Eso sí, como comenté la semana pasada, hay una opción que podría ser muy real algún día.

Guía Viajes en el Tiempo - Devs

¿Habéis visto la serie Devs, de HBO? En el primer capítulo, explican como pueden prevenir el comportamiento de una lombriz a partir del estudio del movimiento de cada una de las partículas que la forman desde el momento en que nació.

Ahora, si extrapolamos este estudio a todos los átomos y partículas del universo, sería posible crear simulaciones del pasado y del futuro basadas en el presente. ¿Qué precisión tendría esta simulación? Depende de la fidelidad de la copia. Si estamos hablando de una copia exacta hasta el nivel más microscópico, lo lógico es pensar que la simulación se comportará igual que la realidad. Por tanto, sería posible vislumbrar el futuro (y el pasado, ya que nos ponemos).

Eso sí, estamos muy lejos de crear una máquina que pueda guardar y procesar tal cantidad de información. Según la Ley de Moore, lo lógico es pensar que esto será posible en algún momento, aunque Intel ya ha predicho que esta regla dejará de cumplirse en 2023.

Aun así, en el marco de los viajes al pasado, esta opción es probablemente la más factible de todas las que hemos visto anteriormente. En cuanto a los viajes al futuro, se admiten apuestas: ¿qué vendrá antes, la capacidad de viajar a la velocidad de la luz o un superordenador capaz de recrear todas las partículas del universo?

5. Viajes al futuro en la ciencia ficción

Os dejo con una selección de mis pelis y novelas favoritas sobre viajes al futuro:

  • La máquina del tiempo – me refiero a la novela de H.G. Wells, no a la peli de 1960 y ni mucho menos a la de 2002. Para mí, es más un experimento de ciencia ficción social que otra cosa, y por eso me gusta tanto.
  • Interstellar – sí, se toma alguna licencia en aras de un mayor dramatismo, pero es una de las pelis con mejor base científica que se han hecho sobre viajes en el tiempo. El mismísimo Kip Thorne participó en la creación de su guión. Y es entretenidísima.
  • Regreso al futuro II – hoy en día ha quedado un poco viejuna, pero su guión sigue siendo ejemplar y no está mal para pasar el rato.
  • Los pasajeros del tiempo (Time after time, 1979) – el protagonista es H.G. Wells, que viaja a 1979 para evitar que Jack el destripador mate a alguien. 
  • Futurama (criogenización) – la premisa es que el protagonista es criogenizado para aparecer en el futuro un milenio después, asi que también cuenta como viaje al futuro. Y nunca es una mala ocasión para recomendar Futurama.

Con este capítulo damos por concluida la sección de tipos de viaje en el tiempo. La semana que viene nos centraremos en las formas de viajar, tanto al pasado como al futuro.


Si quieres continuar leyendo, pasa al capítulo 7 (Maneras de viajar en el tiempo).

Para saber más sobre la estructura de esta serie y sobre el contenido del resto de capítulos, dirígete a la introducción.

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Publicado en Ciencia Ficción, Viajes en el Tiempo.

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