Guía de los viajes en el tiempo. Capítulo 7: Maneras de viajar en el tiempo

NOTA: Este es el séptimo capítulo de una serie sobre viajes en el tiempo. Para saber más sobre la estructura de la serie y sobre el contenido del resto de capítulos, dirígete a la introducción.


Hemos evitado meternos demasiado en este tema durante los capítulos previos para no empantanar situaciones ya de por sí complicadas, pero, ahora que ya sabemos qué tipos de viajes en el tiempo existen y qué escenarios nos podemos encontrar, llega el momento de resolver la penúltima duda: ¿cómo viajar en el tiempo?

En este capítulo vamos a repasar las principales maneras de hacerlo, siempre desde el punto de vista de la ciencia ficción. Clasificaremos cada técnica en dos grupos: aquellas que son aceptadas por la comunidad científica y aquellas, que, simplemente, son producto de la imaginación del autor.

1. Maneras de viajar en el tiempo respaldadas por la ciencia

En general, esta es la posición de los físicos respecto a los viajes en el tiempo:

  • Es posible viajar al futuro, pero no se puede volver.
  • Por la misma razón por la que no podemos volver del futuro, no es muy probable que se pueda viajar al pasado, aunque no se descarta del todo.
  • La teoría más comúnmente aceptada para los viajes en el tiempo, tanto en una dirección como en otra, es la de una línea temporal y espacial única (el nivel de determinismo de la misma es desconocido, pero intuimos que, para que los viajes al pasado no provoquen paradojas, nuestro universo debería ser 100% determinista).
  • Toda teoría que contemple universos o líneas temporales paralelas no es más que una conjetura.

Entonces, si los viajes en el tiempo podrían ser posibles, ¿cómo sugieren los científicos que se produzcan?

Hay varias maneras. Las más comunes (las tres primeras en la lista que sigue) parten de la base de que ya estamos viajando hacia el futuro (a una velocidad de un minuto por minuto) y de que lo único que debemos hacer es aumentar o reducir esa velocidad teniendo en cuenta la teoría de la relatividad. Además, añado otras dos que, si bien no se basan en el concepto tradicional de viaje en el tiempo, también podrían ser consideradas como tal.

1.1. Desplazamiento a la velocidad de la luz

El tiempo no puede entenderse sin el espacio. Juntos, forman el espacio-tiempo, a través del cuál nos movemos continuamente como resultado del Big Bang. Cualquier modificación en la velocidad a la que nos movemos en el espacio modificará la velocidad a la que nos movemos en el tiempo, y viceversa. Por ello, si comenzamos a viajar muy rápido en el espacio, el tiempo experimentará una dilatación que comenzará a ser palpable cuando nos acerquemos a la velocidad de la luz.

Ya vimos un ejemplo al respecto en el capítulo de viajes al futuro, y también explicamos cómo esto no solo es un hecho teórico, sino también comprobado. Además de usar la teoría de la relatividad en la tecnología GPS, se han hecho experimentos con dos relojes atómicos, colocando uno en un avión y otro en la superficie, con el resultado de que el reloj en el avión se retrasa a causa de la velocidad. La diferencia es apenas imperceptible, pero aumentaría al acercarse a la velocidad de la luz (la estimación es que, al 90% de la velocidad de la luz, el tiempo transcurre aproximadamente 2,6 veces más lentamente que en la Tierra). En el Gran Colisionador de Hadrones (GCH) del CERN se ha conseguido que la partículas viajen a un 99,99% de la velocidad de la luz y se ha calculado que, mientras que para nosotros pasan 11 meses, para esa partícula solo pasa un segundo.

Por tanto, el día en que consigamos construir una nave que viaje a velocidades próximas a la de la luz, podremos viajar al futuro. En este artículo de la NASA se explican tres maneras de alcanzar esa velocidad. Otro ejemplo que se ha visto en varias novelas de ciencia ficción dura es el reactor Bussard (por ejemplo, Poul Anderson en Tau Zero y Larry Niven en muchas de sus obras). Yo mismo recurrí a este método en Alba Infinita, mi primera novela, aunque lo combiné con un motor de antimateria para conseguir la aceleración necesaria.

La realidad es que estamos muy lejos de ello y, hoy en día, la nave que más rápido podría viajar, usando energía nuclear, solo alcanza el 4,5% de la velocidad de la luz.

1.2. Agujero de gusano

Según la teoría, estos túneles (también llamados túneles de Einstein-Rosen) pueden existir de manera natural en el espacio-tiempo, comunicando dos puntos del mismo a modo de atajo (no voy a entrar en manidas explicaciones usando hojas de papel dobladas, pero aquí tenéis la de Interstellar). Por tanto, si consiguiéramos atravesar uno de ellos, podríamos viajar tanto al futuro como al pasado (en este último caso, nunca a un momento anterior al de la creación del agujero de gusano).

¿Cúal es el problema entonces? Hay dos dificultades.

La primera, que no se ha comprobado su existencia. Habría que encontrar uno y experimentar con él.

La segunda, su tamaño. De existir, solo lo harían a un tamaño microscópico, incapaz de alojar a una persona y mucho menos a una nave en su interior. Se especula con que podrían ampliarse o incluso crearse desde la nada, pero para esto se necesitarían cantidades descomunales de energía (como Miguel Santander expuso en una charla de la ACLFCFT, del orden de usar toda la masa de Júpiter para ello), además de algo llamado materia exótica que pueda invertir la gravedad y unos campos magnéticos desmesurados para poder abrir la boca de entrada y de salida del agujero.

Por el momento, ambas empresas son imposibles de acometer y todo queda dentro del territorio de la ciencia ficción.

En cuanto a referencias, a la ya citada Interstellar, podemos añadir las series StargateBabylon 5, Star Trek y Doctor Who ( y, muy a mi pesar, algunas pelis del universo Marvel, como Thor y The Avengers).

1.3. Proximidad a un agujero negro

Según Stephen Hawking, «un agujero negro es como una máquina del tiempo natural». La gravedad del mismo es tan poderosa que consigue curvar el espacio-tiempo de manera que, si consiguiéramos colocarnos en la órbita de un agujero negro y permaneciéramos allí durante un año, en la Tierra solo habrían pasado 6 meses. Eso sí, habría que tener cuidado de no cruzar el horizonte de sucesos. Cuanto más cerca nos acerquemos a este, más lento transcurrirá el tiempo. Sin embargo, si nos pasamos de frenada, no podremos escapar jamás, al menos en teoría.

En la ciencia ficción, recurrimos de nuevo a Interstellar. Además, merece la pena ver Event Horizon.

1.4. Animación suspendida

Este concepto incluye cualquier técnica capaz de ralentizar o detener por completo los procesos vitales del cuerpo humano para después reactivarlos en un momento posterior, postergando el envejecimiento y permitiendo que una persona despierte en el futuro. Los ejemplos más comunes son la hibernación y la criopreservación.

Esta última no se encuentra actualmente al alcance de nuestra tecnología, pero seguramente esté más cerca de lo que creemos. Tim Urban lo explica en su blog mejor que nadie y, de hecho, él mismo ha firmado un contrato con Alcor para ser criogenizado cuando muera (o cuando esté a punto de hacerlo, para ser más exactos).

Guía Viajes Tiempo - Criogenización Alcor

Ejemplos en la ciencia ficción:

  • Fiasco (novela de 1986, Stanislaw Lem).
  • Futurama, serie de Matt Groening.
  • Passengers (película de 2016).
  • Abre los ojos (película de 1997).
  • Eternamente joven (película de 1992).
  • Demolition man (película de 1993).
  • Capitán América (película de 2011).
  • Star Trek: La Nueva Generación (episodio The Neutral Zone).
  • Stargate SG-1 (episodio Small Victories).

Y, no, Walt Disney no está criopreservado. Fue incinerado y está enterrado en el cementerio Forest Lawn Memorial Park de California.

1.5. Simulación informática

Recordad el universo de Matrix y añadidle una dimensión temporal. Como vimos en el capítulo anterior, con la suficiente capacidad computacional, podría ser posible estudiar el comportamiento de cada átomo y cada partícula del universo para, basándonos en los resultados, proyectar un pasado y un futuro para el universo, creando una simulación completa del mismo desde su comienzo hasta su final. El problema es que, tecnológicamente hablando, ahora vemos esto tan inalcanzable como poder viajar a la velocidad de la luz o construir un agujero de gusano.

El segundo paso, de conseguir crear tal simulación, sería meternos dentro de ella. Podríamos viajar a cualquier punto del pasado o del futuro y, para nosotros, el resultado sería indistinguible de la realidad. Quizás incluso pudiera ser posible encargar a una empresa insertarnos en un universo a demanda según nuestros gustos. A lo mejor uno en el que la pandemia del coronavirus nunca hubiese tenido lugar, o uno en el que España no hubiese perdido contra Italia en el mundial del 94.

Este último paso puede dar lugar a múltiples variables que han sido y serán explotadas en la literatura y el cine. Sí, acabamos de entrar en el terreno de la ciencia ficción más especulativa, así que es buen momento para finalizar este apartado y comenzar el siguiente.

Solo una cosa más: no os perdáis Devs, de HBO. Prometo que es la última vez en este blog que la recomiendo.

2. Maneras de viajar en el tiempo en la ciencia ficción

Además de las cinco opciones anteriores, la ciencia ficción incluye innumerables formas de viajar en el tiempo que, si bien no tienen una base científica real, sí sirven como excusa para componer una historia en la que el destino es lo que importa. Se trata de obras que dan lugar a otro tipo de debates de gran interés, como puede ser el caso de La máquina del tiempo (H.G. Wells, 1895), cuyo análisis de la sociedad del año 802.701 es un claro ejemplo de ciencia ficción social, o de El Caballo de Troya, donde prima el estudio de la historia.

Ya que, en este caso, la forma de viaje no es lo más relevante de cada obra, solo dedicaré unas líneas a describir y referenciar cada ejemplo.

2.1 Atravesar un agujero negro

En este caso, no nos conformamos con quedarnos en la órbita del agujero negro, sino que nos armamos de valor y lo traspasamos. Según algunas conjeturas, al otro lado del horizonte de sucesos nos encontraremos con otro universo paralelo que, en ese momento, se encuentra en un punto diferente de su línea temporal.

Como vimos en el capítulo 5, es posible incluso que, al entrar en ese universo, nos encontremos en una dimensión distinta a la de sus habitantes, pudiendo observarles sin que ellos se percaten de nuestra presencia.

2.2. Máquina del tiempo

Sorprende que este método sea el primero que nos viene a la cabeza cuando oímos hablar de viajes en el tiempo, pero que no sea de los más comunes en las obras de ciencia ficción. Algunos de los ejemplos más conocidos son:

  • El DeLorean de Regreso al Futuro.
  • La TARDIS de Doctor Who.
  • Una cuba de líquido blanco, en Los Cronocrímenes.
  • La máquina de El anacronópete, de reciente actualidad gracias a El Ministerio del Tiempo. Como curiosidad, solo mencionar que esta fue la primera máquina del tiempo en la ficción (escrita por Enrique Gaspar y Rimbau en 1881), y no la de H.G. Wells (1895) como suele creerse.
  • En El hombre que puso fin a la historia: documental , un relato de Ken Liu muy recomendable, se puede viajar presencialmente al pasado gracias al descubrimiento de dos partículas nuevas.
  • Otras máquinas: Looper, 12 monos.

2.3. Otros métodos

Solo voy a citar algunos ejemplos:

  • Desmayo (Peggy Sue se casó, 1986).
  • Puertas al pasado (El Ministerio del Tiempo).
  • Condición médica inevitable e impredecible (La mujer del viajero del tiempo, novela de Audrey Niffenegger).
  • Tomando otros cuerpos (La Gran Raza de Yith en el relato corto En la noche de los tiempos, de H.P. Lovecraft).

Hay más, muchas más. Pero, en mi opinión, carecen de interés, ya que se trata de obras en las que lo que interesa es el viaje en sí, mientras que la forma de hacerlo se queda en una mera coartada.

3. Conclusión

Para finalizar este capítulo, me gustaría reflexionar sobre otra manera de viajar en el tiempo. Se trata de un concepto del cual no hemos hablado antes y que, desde que leí un círculo de relatos cortos que empezó con La verdad de los hechos, la verdad del corazón de Ted Chiang y acabó con El hombre que puso fin a la historia: documental de Ken Liu, me ha estado dando vueltas a la cabeza. Se trata de una tecnología de la que llevamos milenios haciendo uso: la escritura.

Desde que fuera inventada por los sumerios hace unos cinco mil años, hemos usado la escritura para dejar constancia de la historia y que las generaciones venideras puedan ser testigos de lo acontecido en el pasado. Además, también se ha usado en innumerables ocasiones para escribir sobre lo que nos depara el futuro y cómo debemos prepararnos para ello.

Por eso, cuando antes hablábamos de una simulación informática en la que se incluya todo el pasado y el futuro de nuestro universo y a la que se pueda viajar de manera presencial, no estamos más que llevando el concepto de viaje en el tiempo desde su forma más primitiva, la escritura, hasta la más sofisticada. Se trata de dos extremos de un espectro.

De acuerdo, podríais argumentar que el propósito de la escritura no es solo documentar la historia y que, de hecho, muchas veces se usa para tergiversarlo, y tendríais razón. Sin embargo, lo mismo podríamos decir de una simulación informática. Alguien podría crear una simulación en la que Hitler ganó la guerra y tratar de convencer a los turistas que viajen a ella de que aquello ocurrió de verdad, igual que Philip K. Dick podría intentar hacer creer a un grupo de estudiantes que su novela El hombre en el castillo se basa en hechos reales. Toda tecnología es susceptible de ser usada a gusto de quien la domina, pero, solo por alimentar el debate, nos centraremos en el supuesto de que ambas se usan para documentar la historia y que se hace de forma fidedigna.

En ese caso, ¿no creeríais que ya hemos iniciado una forma de viajar al pasado y que ahora mismo, simplemente, nos hallamos en proceso de mejorarla? Al principio, toda la tecnología necesaria era una tabla de arcilla y un estilete. Para llegar al final de esta aventura tendremos que diseñar un programa de predicción de una precisión sin precedentes, además de fabricar superordenadores con una capacidad de computación infinitamente superior a la capacidad combinada de todos los circuitos integrados existentes hoy en día.

Sí, es una meta ambiciosa, pero, sobre el papel, no hay nada que se oponga a ello. Excepto nuestra propia extinción, quizá. Puede que eso sea lo que nos distinga de los mendruguienses.

¿Llegaremos al final de este viaje?


Si quieres continuar leyendo, pasa al capítulo 8 (¿Qué es el tiempo?).

Para saber más sobre la estructura de esta serie y sobre el contenido del resto de capítulos, dirígete a la introducción.

Si te gustaría recibir noticias sobre mis próximos proyectos o avisos cuando publique nuevas entradas, suscríbete a mi lista de correo.

 

Publicado en Ciencia Ficción, Viajes en el Tiempo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *